viernes, febrero 09, 2007

Doce en el patibulo.



Bueno, que digo en el patíbulo, en la sala de disecciones, con el forense encorvado junto a sus restos y el bisturí dejando un rastro sanguíneo en su milimétrica trayectoria.
Todos muertos. Alguno, tras varios intentos de resucitación, pareció agarrarse a la vida, pero todo fue en vano.
Los doce reposan ahora en el mar, después de un largo viaje por desagües, tuberías, ríos y estuarios. Descansen en paz, y larga vida a todos los peces, crustáceos o moluscos, que se los habrán bebido.
La cita prometía: (2 botellas de cada)
- Glorioso crianza 96
- Viña Salceda reserva 95
- Barón de Oña reserva 95
- Monte Real reserva 94
- Martínez Lacuesta reserva 94
- Marques de Murrieta Ygay reserva 95
- Glorioso reserva 95

Unos riojas para disfrutar, conocer y aprender de la evolución de los vinos, de los tiempos y de los gustos.
El resultado, predecible y angustioso, que pone sobre aviso a aquellos que con holgado bolsillo, pero pocos escrúpulos, invierten en vino y se despreocupan de su conservación.
Siempre se ha dicho que el vino es un “ser vivo”, que nace, crece, (no se reproduce, pero en esto también se parece a algún humano), se desarrolla y, poco a poco, muere.
Los hay de vida corta, larga, larguísima e incluso, de ahí sus cualidades divinas, inmortales.
Pero por lo visto hay quien considera el vino como un jarrón, no de la dinastía Ming sino de barro, y se olvidan de él salvo para momentos de notoriedad.
Nueve mil botellas yacen en algún almacén, o Dios sabe donde, esperando, cual judíos durante la época nacional socialista hitleriana, la llegada del tren que los transporte a su Auswitch y sean incinerados después de su particular Vía Crucis.
Bajo mi modesta opinión, creo que esas botellas no deberían haber conocido a sus compradores y que estos después de su elevada inversión tendrían que haber almacenado tal cantidad de vino en mi casa y las casas de mis amigos y conocidos que ya hubiéramos sabido que hacer con ellos, como mimarlos y cuando haber dado buena cuenta de ellos.
Pero la vida es ingrata y da pan a quien no tiene dientes, o buen vino a quien no lo sabe apreciar.
Son 8.988 almas vínicas que guardan su turno para ser descorchadas y trasladadas al paraíso de los vinos incomprendidos. Una maldición caerá sobre sus propietarios si esto no se lleva acabo y, por supuesto, pagarán por su pecado.

1 comentario:

SobreVino dijo...

Guarda,

Sorprende que alguno de los vinos de la lista (otros no tanto) los encontrases muertos. Debió ser ese problema de conservación que comentas. Imagino lo que debe ser un verano, como estos que estamos pasando últimamente, en el interior de una nave industrial...

Desde luego, no disponiendo de condiciones de conservación o no teniendo seguridad sobre la longevidad de un vino, donde mejor está es en nuestro recuerdo, después de haberlo disfrutado. Lo mismo sucede con la gran mayoría de vinos que se hacen hoy día. Dicho eso, hay vinos que bien conservados (la misma bodega es el sitio ideal si uno no tiene unas muy buenas condiciones) son maravillosos cuando alcanzan su punto álgido al cabo de unos años. Hoy son los menos, pero he vivido recientemente la experiencia de poder catar algún vino que ha envejecido maravillosamente.

Aterra pensar que pueda haber gente ahí fuera en el negocio del vino que no tenga el más mínimo respeto por el producto que les da de comer. Empañan la gran labor que hacen los muchos buenos profesionales que hay en el sector.

Así que si sabes de canales "de dudosa garantía" por los que pueden seguir circulando estos vinos avisa, que no hace ninguna gracia gastar nuestro limitado dinero en cadaveres enológicos. Esos, que se los beban los que puedan haberlos maltratado :-)

Un abrazo,

Sobre Vino