lunes, septiembre 11, 2006

Buen baloncesto y buen vino


Analicemos la actualidad. ¿Cuál es la diferencia entre la selección nacional de fútbol y la de baloncesto?
La misma que la de un buen vino, de Rioja Alavesa por ejemplo, y un mal vino, sin procedencia, para no herir. Aunque hay vinos en Rioja Alavesa que como no se pongan las pilas les queda menos que al Sabio de Hortaleza y su Cutre team.
Como pueden ser tan diferentes sus resultados si aparentemente tienen iguales o parecidos mimbres para cosechar triunfos semejantes. La de fútbol, incluso, goza de sueldos y primas que arreglarían la vida a más de un agricultor. Hasta pueblos enteros podrían vivir con lo que cobra al año por ejemplo Raúl, pero...
El equipo capitaneado por Gasol tiene ilusión, tiene tácticas y planteamientos que modifican según las circunstancias, tiene un gran entrenador y cuerpo técnico, y tiene orgullo. Sobre todo, orgullo. Sufrimiento, compromiso con una nación y responsabilidad.
El equipo de fútbol capitaneado por nadie, no tiene nada. Bueno si, ganas de hacer dinero a nuestra costa y a costa de los patrocinadores oficiales.
En el pasado mundial de Alemania si hubiesen alcanzado semifinales o hubiesen jugado la final, ganando o no, las primas hubieran superado con creces a selecciones tan favoritas, y potentes, como Brasil, Alemania o Argentina.
¿Qué hicieron?, el ridículo. Mucha ruido y pocas nueces, mucha Sexta y Cuatro vendiéndonos la moto, mucho despliegue de medios, pantallas gigantes, que este año si, que los franceses están viejos y luego plaff, plaff. Una en cada oreja. Sin Tassotis, sin goles de Cardeñosa o de Julio Salinas. Se quedaron sin disculpas ante un nuevo fracaso.
Con el vino sucede tres cuartos de lo mismo.
Hay bodegas que lo tienen todo para hacer autenticas maravillas y lo único que consiguen son vinillos de medio pelo, comerciales, apoyados por macro campañas de marketing, que te acaban por producir una acidez de estomago equivalente la que me supuso la derrota ante Irlanda del Norte por 3 a 2 el pasado miércoles, en partido de fútbol clasificatorio para la Eurocopa.
Siempre digo que no me volverá a ocurrir pero, caigo una y otra vez. ¿Qué pasa? Me gusta el fútbol, y el vino.
Soy un reincidente, aunque cada año que pasa consiguen que pierda la esperanza en ver a la selección en alguna final, aunque sea de mus.
Por el contrario, conozco bodegas que mimando las viñas y la vendimia, con un buen equipo técnico, un gran capitán y mucho corazón, consiguen vinos para no olvidar. Vinos que consiguen que mucha gente se interese por ellos y por el fantástico mundo del vino.
Nos hacen vivir momentos inolvidables, comparables con los partidos de la selección de baloncesto. Con ese ultimo minuto ante Argentina o esa mano en el pecho de Pepu Hernández. ¡Para guardar y compartir! Como los grandes vinos.
Ahora sale a la palestra algún jugador de basket diciendo que no quieren polemizar con otros deportes, que la que gana siempre es España. Parte de razón no le falta, pero como en los vinos, que la gloria de unos no sirva de beneficio para otros o que el fracaso de alguno no arrastre inocentes, léase Viñedos de España, por ejemplo.
Felicidades a la España del baloncesto y del buen vino.

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