lunes, diciembre 25, 2006

Décimo aniversario de algunos.


Sábado noche, una década de coincidencias y un restaurante. Resultado madrugada de brujas y de terror.
No hubo zombis ni mansiones abandonadas pero si un hechizo en forma de oferta gastronómica. Nos reunimos en la calle Padre Calatayud 16, en El Embrujo, local amplio y moderno que nos recibió con un lleno hasta la bandera. Esta circunstancia motivó que en ningún momento pudiésemos entablar en la mesa conversación animada alguna ante la imposibilidad de escucharnos incluso a nosotros mismos.
Reconozco que estas noches de reuniones masivas prenavideñas no son las mas adecuadas para valorar nada y es mejor adelantar o retrasar el disfrute para otros días, pero, cuando no hay mas, contigo Tomas.
La cena mereció la pena y el vino puso la guinda. Se realizaron números de magia en la mesa. Tanta que apareció una botella en vez de desaparecer. ¡Increíble!
Es para destacar el diseño de la bodega del restaurante, a la vista de los clientes, separada del comedor por un amplio cristal en forma de gran arco. Ahí reposan los espíritus vivos de los vinos que ofrece este restaurante pamplonés.
Para acabar la noche deambulamos por la ciudad en la búsqueda de un fantasmagórico local donde reponer líquidos viscosos y avistar luces espectrales.
Y a fe que lo logramos, estuvimos en catacumbas atestadas de almas masculinas, de gigantesco tamaño, que formaban un río en movimiento y cuya corriente te arrastraba constantemente hacia lugares prohibidos. Saboreamos la distancia corta y el roce de la amistad. No había mas espacio, solos mi botella y yo.

2 comentarios:

Olga dijo...

Muy bien traído lo del "contigo Tomás"...

Por mi parte, sólo decir que sin duda lo mejor fue la compañía. A ver si no esperamos otros 10 años para repetirlo. Eso sí, como bien dices, fuera de temporada navideña.

Olga

La Guarda de Navarra dijo...

lVeo que me has entendido. Yo también lo espero porque no me veo con 50 tacos intentando entrar al cavilla o al katos. Cosas de principios.