miércoles, marzo 08, 2006

Restaurante Urdax, en Pamplona



Hace unas fechas conocí a un curioso restaurador de Pamplona. Curioso por el trato con el que me recibió y por la confianza con la que me trato. Comprometido con sus principios y transparente en sus afirmaciones. De ideas claras y con una filosofía sólida. Se ha propuesto una meta cuyos cimientos ya no creo que tiemblen. Discípulo de Martín Berasategui, admira a Koldo Rodero y su ídolo es Hilario Arbelaitz, del Zuberoa.
Grandes nombres de la restauración y modelos para este joven cocinero. Humilde, genial, con los pies en el suelo y con su mente apuntando a lo mas alto del corazón culinario.
Es un trabajador incansable, perfeccionista, innovador de lo clásico y respetuoso con la cocina local.
Pero lo que mas me aporto sobre su personalidad fue la capacidad de asumir las sugerencias de los clientes y personas cercanas. Cualquier detalle del restaurante, incluso de sus platos, es el resultado de un consejo o una insinuación.
Esa cercanía, que aún mantiene, será la que muy pronto le lleve a lo más alto del escalafón gastronómico nacional, y por que no, mundial.
Mucha suerte, Javier.

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