lunes, junio 26, 2006

Una de rabudix




Estamos en el año 2006 después de Cristo. Toda la Rioja Alavesa ocupada por romanos. ¿Toda?, ¡no!
Una villa poblada por irreductibles rabudos todavía resiste al invasor. Y la vida no es fácil para las guarniciones de legionarios romanos de los campamentos fortificados de Arabartium, Bizkainorum, y Gipuzcoanum.
Se celebraban las fiestas patronales en pax, tranquilidad y con ¡mucho aqua!, en vez de vino.
Los vecinos disfrutaban de sus actos populari y religiosi, bailaban, compartían los momenticos festivos y miraban al cielo deseando que escampara la tempestatis.
Aprovechando las nieblas que bajaban de la sierra, los troni et relámpagi, una avanzadilla de legionarios intento una incursión bélica de desgaste para minar la moral de la población y conseguir que Julio Cesar recupere esta tierra para el imperio. Las escaramuzas se repiten cada findesemanix jaleadas desde la prensa romana por algún columnista desalmado, incluso auspiciadas por alguna bodega que no tiene mejor forma de vender el vinum.
Panoramix, precavido, había mezclado con la comida del Restaurante Marixamix su famosa poción mágica. Todos se encontraban pletóricos.
Obelix esperaba el momento de ofrecer el estandarte a los dioses. Asterix paseaba preocupado por la cantidad de visitantes, lo que podría facilitar que se infiltraran elementos hostiles con malas intenciones.
Abraracurcix, jefe de la aldea, hacía de anfitrión para otros jefes de aldeas vecinas. Asuranceturix y su banda alegraban con notas musicales todos los rincones del pueblo. Ideafix jugaba con los canidos de los zíngaros.
Por allí andaban también Diputadix, Gaiterix, Zaborraquix y Biazteriaquix.
De repente y siguiendo las consignas del imperio opresor, los romanos lanzaron un ataque sorpresa indiscriminado, sin respetar a mujeres ni a niños. El druida convocó a la corte de ancianos y se tomo la decisión de intervenir. Obelix aparcó, junto al Polarix, un jabalí asado que se disponía a engullir y empezó a repartir a diestro y siniestro. Cascos, espadas y escudos volaban por la calle de la Sancta Engracia.
Los restos de la batalla quedaron esparcidos por el suelo y muchos niños de la aldea los utilizaron como trofeos.
Se volvió a ganar otra batalla, la poción mágica sigue funcionando, pero, como decía al principio, se ha conseguido minar la moral de alguno de los vecinos. Estos, permisivos y pacientes donde los haya, parecen tener pudoris de estas prácticas y preferirían claudicar ante el imperio.
El rabudix prefiere la batalla, recuerdo al blog las palabras que se pronunciaron en las Vísperas, antes de la Salve: Laguardia solo se rinde ante Dios y ante sus dos patronos, San Juan y la Virgen del Pilar. Y en ello estamos.

5 comentarios:

Honorat Leavitt dijo...

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Mar de fondo dijo...

Uderzo y Gosciny no lo hubieran relatado mejor.
Sólo queda por saber porqué Julio César no envío a sus triarii con su centurión al frente.
Debajo de la aldea, encerrados en su campamento, sacando brillo a su coraza y a su yelmo rojos, y con sus cuadrigas listas, los triarii no aparecieron sino para aleccionar a los belicosos legionarios.
Así pues, felicidades por el relato y ojala que el SPQR no se convierta en SPQEuz, porque eso llevará implícita la destrucción de la aldea y, sobre todo, de los conocimientos de Abraracurcix y su «poción mágica» a base de tempranillo.

Olga dijo...

Dios Santo! ¿Pero que pasó?

La Guarda de Navarra dijo...

Veo, Mar de Fondo, que conoces bien el pueblo. Intentaremos que el tempranillo nos de las fuerzas necesarias para defender lo que mas queremos, a pesar de algunos.


A ti, Olga, ya te contaré la historia. Tiene mucha miga.

Anónimo dijo...

Me parece triste, que siempre ocurra lo mismo, en las mismas fechas y por la misma gente. El que lo quiera entender que lo entienda. Yo no se quien tiene la razón o la sinrazón, pero los que atizan siempre son los mismos, y los que reciben son distintos (casualidad???). Triste, no tener una fiesta en paz. Muy triste
y encima se le defiende (Muy Triste)