viernes, junio 16, 2006

Bienvenido Mister Marshall


Por mucho que nos miremos el ombligo y sigamos dando muestras de aldeanismo, de vez en cuando es aconsejable mirar a los Estados Unidos de América.
Ellos serán el mercado mundial más importante del vino y quien quiera vender sus cosechas tendrá que pensar en ellos, aunque solo sea en sus oraciones.
Cuando aquí se empeñan en enfocar la elaboración de vino atendiendo a la cantidad, allí demandan la calidad de los caldos españoles. Ante el aumento del excedente muchas bodegas han optado por tirar los precios, por regalar el vino, por desmarcarse de la política del óptimo servicio y de la buena elaboración, y disminuir la calidad. Ya vendrá Paco con las rebajas.
Las reuniones y ferias vinícolas son auténticos mercadillos donde si no regalan el vino la asistencia es nula. Donde los bodegueros en vez de generar negocio y hablar de sus vinos, se convierten en vulgares tiradores de vino.
En los EEUU estas reuniones se pagan. Por menos de 100 o 200 dólares nadie puede entrar a los lugares habilitados para la muestra de vinos. Solo caldos de calidad, bodegas de renombre o bodegas jóvenes con futuro, y público con mucho interés. Se pregunta todo lo concerniente a la bodega, a la elaboración, añadas, variedades y lo que se les ocurra. Se les nota involucrados con este mundo, apasionados por los buenos vinos y por ellos debemos tenerlos en cuenta. Son muchos millones de potenciales consumidores y nuestro objetivo debería ser fidelizarlos.
Los vinos del nuevo mundo como son Australia, Chile o Argentina no nos deben preocupar pues a precio nos ganan, pero a buen vino no, ya que como en España, el mejor vino se paga, el resto son macroproducciones y costosas campañas de marketing.
Todo esto que cuento viene relacionado con dos reuniones importantes celebradas en USA donde el vino ha sido la gran estrella.
La primera en Washintong, donde una gran tienda especializada, Wide World of Wines organizo una cata para 32 bodegas españolas donde se cataron más de 100 vinos de extraordinaria calidad. Al dueño, Víctor Hugo Linares se le unieron personajes conocidos como Aurelio Cabestrero, distribuidor Grapes of Spain, Mariano García, 30 años enólogo de Vega Sicilia y ahora en Mauro, o Victoria Pariente, que junto a Victoria Benavides, dirigen Dos Victorias.
La conclusión de todos fue clara, los americanos buscan el buen vino y no les importa la marca, si les gusta lo comprarán. Entienden y quieren saber, todavía más, de los vinos que se elaboran en España, tienen paladar propio aunque confían en catadores expertos y sus puntuaciones, ya que se manejan miles de referencias de todo el planeta enológico y alguien tiene que orientarles en la compra.
Se dieron cita varias bodegas de las que destaco Pujanza, Guzmán Aldazabal, Clos Mogador, Mauro, Alejandro Fernández y Clos Figueras.
El lugar fue un hotel de la capital donde por 100 dólares admitían la entrada, la cata de los vinos, el disfrute con las explicaciones de cada bodega, y compraban el vino que mas les gustaba.
La segunda, un Grand Tour del vino que se celebra de costa a costa. Lo organiza la influyente revista norteamericana Wine Spectator y muestra los vinos a miles de consumidores.
Quien lo ha visitado lo define como una gran show. Solo hay que imaginar una sala gigantesca de un hotel de cinco estrellas con más de 200 bodegas distribuidas en stands idénticos. Cuando se abren las puertas, una multitud de amantes del vino donde hay restauradores, periodistas, sumilleres y aficionados, se dirigen a cada mesa y prueban todo el vino que pueden durante las tres horas justas que dura el “espectáculo”. Se trata de atraer a miles de personas, que pagan 200 dólares de entrada y hacerles felices con vinos que posiblemente acabaran comprando o que pocas veces tendrán la oportunidad de probar. Los españoles presentes comentan que fue impresionante observar las colas que esperaban en Las Vegas a que abrieran las puertas y que cuando entraron terminaron en menos de una hora con el vino del stand de Château Margaux.
El Grand Tour no llega a la altura de la Wine Experience, que se celebra en Nueva York cada dos años y reúne a las mejores bodegas y a los mejores vinos del mundo, pero a distinto nivel es una ocasión para encontrar algunos de los mejores y una cita para no perderse.
Vemos que tenemos mucho que hacer para ser considerados como nos merecemos. De momento mal empezamos con lo de los viñedos de España, con la ley del vino y con tantas cosas. Y mal seguimos cuando en el mercado nos encontramos, por ejemplo, con crianzas de dudosa calidad a precios que rondan en bodega 1,50€ o bodegas que por vender su vino en vez de empeñarse en mejorarlo prefieren “seducir” a los compradores con coches o viajes de ensueño a cambio de un determinado número de cajas.
Los próximos años van a ser claves en nuestro país a todos los niveles, y en el mundo del vino no va a ser una excepción.

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