sábado, diciembre 30, 2006

Reserva Vallobera 1999


Hoy, 31 de diciembre, en Laguardia, en la Fonda Pachico, temprano, sentado en uno de los bancos que guardan la entrada principal, ha estado un individuo que tiene mas ojos que días le quedan al año 2006.
No ha faltado a su cita, como cada año, al menos durante los últimos treinta y nueve.
Para celebrarlo he decidido descorchar un vinico de los de rompe y rasga. De raza, con estilo y con un precio, alrededor de 12,00€, irresistible para la mayoría de los españoles, aún sin corralito.
Tengo que darle algo de base al estómago que esta noche volveremos a excedernos y al cuerpo hay que darle alegría a menudo, por que si se la das con cuenta gotas, de repente, no la asimila y le sienta mal.
No había incluido ninguna cata sobre él y ya era hora.
Se trata de un Vallobera Reserva 1999.
A la vista presenta un color cereza con ribete granate y tonos tejas. Intensidad media alta y bonitas lágrimas.
Nariz elegante, aunque algo tímido, después de oxigenarlo y decantarlo por la presencia de algún objeto volante no identificado. Aromas procedentes de la larga crianza, dieciocho meses de roble. Bombones al licor, torrefactos, cacaos, fruta roja madura y un fondo mineral. Se percibe un claro equilibrio aromático.
En boca muestra un cuerpo medio, una acidez acorde a su edad y unos taninos redondeados que producen unas sensaciones muy agradables en el paso. Hay fruta, licor, chocolate y una madera fina bien entendida. Es largo y persistente.
Tiene una complejidad que otros muchos quisieran y una estructura que confirma su longevidad.
Un buen vino para terminar el año, Feliz 2007.

viernes, diciembre 29, 2006

Bar Jucar en la Plaza de Yamaguchi


Ni el sol, brillando con todas sus fuerzas, es capaz de calentar el ambiente. El escarchado césped y una fina capa de hielo sobre el lago acompañan mi paseo por el conocido parque de origen japonés en la ciudad de Pamplona.
Cuando las orejas alcanzan el color del apreciado rosado navarro decido hacer un alto en el camino y reponer fuerzas en el Bar Jucar, Plaza Yamaguchi 11.
Nada mas entrar la primera impresión, a la izquierda, es el colorido de la barra totalmente cargada de pinchos.
La oferta gastronómica es variada, raciones y cazuelicas hacen las delicias de los privilegiados que consiguen encontrar una mesa libre.
Es importante la cocina de temporada y se producen cambios a menudo, avisando con antelación al cliente de cual será el plato estrella de la próxima semana. Se trata habitualmente de cocina tradicional, de la que parece que nos vamos olvidando a consta de esa cocina en miniatura súper elaborada.
Capitulo especial merece la iniciativa del propietario de ofrecer una carta, escueta pero bien seleccionada, de los vinos que acompañan los alimentos. Se pueden encontrar de diferentes denominaciones, marcas y precios, pero sobre todo vinos que no estropeen lo que tanto se mima en la cocina.
Algo que debería ser ejemplo para otros bares de Pamplona que tiran todo el esfuerzo de la cocina por la borda cuando se empeñan en servir vinos que escogen solamente por su precio.
Durante los días de labor, a la hora de la comida, sirven un menú variado a un precio muy competitivo que llena de asiduos todas las plazas posibles.
Para calentar alma y estomago me inclino por una morcilla con cebolla glaseada y media ración de calamares, que particularmente me parecen excelentes y que muestran toda su naturaleza y frescura.
Para beber, un crianza de rioja alavesa, afrutado de madera bien ensamblada, con color verdadero, de acidez correcta y con el cuerpo y la estructura adecuada para hacer frente a lo pedido.
En resumen un lugar para recomendar y como diría Encantadisimo, se permite fumar, con las ventajas e inconvenientes que eso conlleva.